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1 El texto recoge parcialmente el contenido de la conferencia “La filología clásica prerromana en España:
pasado, presente, futuro” pronunciado el 23 de marzo de 1999 durante las XIV Jornadas de la Sociedad Española de Estudios Clásicos (Valencia, 22–27 III 1999). 2 Buena recopilación en M.L. ALBERTOS FIRMAT, “Los topónimos en –briga en Hispania”, Veleia 7 (1990) 131–46. 3 Vide J. GORROCHATEGUI, “El celtibérico, dialecto arcaico celta”, Emerita 62 (1994) 297–324. 4 Recopilación de datos en J. UNTERMANN, “Lusitanisch, Keltiberisch, Keltisch”, Veleia 2/3 (1985/6) 67–9. 5 Vide F. VILLAR, “Los antropónimos en Pent–, Pint– y las lenguas indoeuropeas prerromanas de la Península Ibérica”, Indogermanica et Caucasica. Festschrift für K.H. Schmidt zum 65. Geburtstag, Berlín–N. York 1994, 234–64. 6 Desde A. TOVAR (“L’inscription du Cabeço das Fràguas et la langue des Lusitaniens” EC 11 (1966/7) 237: “la présence du p étymologique est apparue comme un critère suffisamment solide pour opposer cette langue [...] au celtique historique”), pero ya J. UNTERMANN (“La varietà linguistica nell’Iberia preromana”, AIΩN 3 (1981) 25) reaccionó postulando que “Forse è legittimo pensare a un dialetto celtico in cui la p sia mantenuta”. 7 El problema en realidad no es la presencia lingüísticamente incorrecta de /p/, sino, diríase, la posición geográficamente incorrecta del lusitano. Si esa misma documentación que poseemos para el lusitano, hubiese aparecido, por ejemplo, en alguna zona cercana a los Alpes, previsiblemente la Lingüística Indoeuropea tradicional consideraría tal documentación un testimonio de la primera rama separada del árbol céltico, de esa fase aún con /p/ que, por ser lenguas indoeuropeas, reconstruimos para las célticas. Ya UNTERMANN (Veleia (1985/6) 69): “Würde eine solche Serie von Vergleichen anderswo in der Alten Welt aufgestellt, käme man zweifellos zu dem Ergebnis, daß eine Sprache mit den Eigenschaften, die hier das Lusitanische hat, zur keltischen Sprachfamilie zu rechnen sei. Die indogermanistische Hispanistik hat diesen Schluß nicht gezogen: für sie ist das Lusitanische eine indogermanische Sprache außerhalb der keltischen Sprachfamilie, und sie kommt zu diesem Schluß, weil sie ein lautgeschichtliches Argument ―die Erhaltung des p vor und zwischen Vokalen― höher bewertet als alle morphologische und lexikalische Evidenz”. 8 Vide K.H. SCHMIDT, “A Contribution to the Identification of Lusitanian”, J. DE HOZ ed., Actas del III Coloquio sobre Lenguas y Culturas paleohispánicas, Salamanca 1985, 319–41; J. GORROCHATEGUI, “En torno a la clasificación del lusitano”, Veleia 2/3 (1985/6) 77–91. 9 M.L. ALBERTOS FIRMAT, “Onomastique personnelle indigène de la Péninsule Ibérique sous la domination romaine”, ANRW II 29.2, 872–4; A.J. LORRIO, Los Celtíberos, Alicante 1997, 366 n12 y 368 n15. 10 Así, con ARCaNTa, Arganto (*–onis), Argantioq(um) y otros, pero sobre todo con un Argantonius Mirobrigensis en Cáceres (M.L. ALBERTOS FIRMAT, “La Onomástica de la Celtiberia”, A. Tovar–M. Faust–F. Fischer–M. Koch edd., Actas del II Coloquio sobre Lenguas y Culturas Prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca 1979, 138; ANRW II 29.2 873–4; uide item J. UNTERMANN–D. WODTKO coll., Monumenta Linguarum Hispanicarum. Band IV. Die tartessischen, keltiberischen und lusitanischen Inschriften, Wiesbaden 1997, 589). Cítese además el galo–latino ARGANTOCOMATERECVS del bilingüe de Vercelli. 11 Así F. VILLAR, “Los nombres de Tartesos”, Habis 26 (1995) 243–70. 12 Á. CAPALVO (Celtiberia. Un Estudio de Fuentes Literarias Antiguas, Zaragoza 1996, 107–23) ubica incluso la histórica Celtiberia ulterior en la provincia de Málaga y zonas limítrofes. Vide item L. BERROCAL–RANGEL, Los Pueblos Célticos del Suroeste de la Península Ibérica, Madrid 1992. 13 Vide especialmente J.A. CORREA, “Posibles antropónimos en las inscripciones en escritura del S.O. (o Tartesia)”, Veleia 6 (1989) 243–52; J. UNTERMANN, “Zum Stand der Deutung der ‘tartessischen’ Inschriften”, J.F. Eska–R.G. Gruffydd–B. Jacobs edd., Hispano–Gallo–Brittonica. Essays in Honour of Prof. D. Ellis Evans on the Occasion of his Sixty–fifth Birthday, Cardiff 1995, 244–59. 14 Cuyo reconocimiento es mérito principalísimo de H. KRAHE (Die Struktur der alteuropäischen Hydronymie, Wiesbaden 1962; Unsere ältesten Flußnamen, Wiesbaden 1964, etc.). 15 El estudio básico es el de J. DE HOZ, “Hidronimia antigua europea en la Península Ibérica”, Emerita 16 Corolario de ello, aunque ajeno a nuestra argumentación, es la posibilidad de que el ibérico sea en la Península una lengua advenida con posterioridad al advenimiento de las indoeuropeas (justamente lo contrario de la doctrina tradicional). Aunque ahora ha quedado claro que no hay vinculación entre campos de urnas y celtas en la Península Ibérica, sino, en todo caso, entre campos de urnas e iberos, nadie se ha apresurado a postular la invasión, desde el norte, de los iberos (justamente lo contrario de la doctrina tradicional), sin embargo en rigor el argumento es el mismo y “los Campos de Urnas del Noroeste dan paso sin solución de continuidad a la Cultura Ibérica” (LORRIO, Los Celtíberos...31, ítem 371–5). Un ejemplo más de la familiaridad aquí de nuestros prejuicios, tanto más cuanto una buena cantidad de datos lingüísticos (que álibi exponemos) manifestaría que, en todo caso, es indoeuropeo el substrato lingüístico que puede reconocerse para el ámbito ibérico peninsular (de lo que precisamente Pallantia o Saguntum podrían ser buenos ejemplos), mientras que no parece posible la situación inversa, esto es, detectar substrato ibérico en el ámbito indoeuropeo peninsular. Hoy por hoy y objetivamente considerados los datos, ha de reconocerse que para la Península Ibérica en general lo antiguo es lo indoeuropeo. 31 Como para la mayor parte de las lenguas europeas procediendo probablemente en muchos casos [O] de /á/ y /ua/ o de /u/ ante consonantes continuas, y [o] sobre todo de /au/. 17 Es obvio que en la escenografía que se nos propone, en términos históricos (y lingüísticos, creemos nosotros) el papel de agricultores cuadraría mucho mejor a los iberos (precisamente no indoeuropeos!). 18 Ilustrativo ejemplo es el del denominado “Hombre de Cheddar”, esqueleto de unos 9.000 años procedente de una localidad así llamada del suroeste británico ―zona, pues, céltica, por cierto― y a quien se le extrajeron 300 fragmentos de ADN, 299 de los cuales vinieron a coincidir con los de un asombrado vecino actual de esa zona. Por otra parte, algunos arqueólogos han hecho notar que la agricultura fue desarrollada por poblaciones indígenas, no por inmigrantes. Naturalmente, si quedara fehacientemente demostrado que en Europa la expansión de la agricultura se debiera básicamente a una difusión cultural y no a un movimiento démico, la teoría de RENFREW perdería su fundamentación. Por otra parte, es curioso que la poligénesis de la agricultura se produce cuando todo el planeta habitable ha quedado ya ocupado por nuestra especie. En cierto sentido, pues, y pace RENFREW, la agricultura no sólo es causa de aumento demográfico, sino también su consecuencia. 19 Para RENFREW (Arqueología y Lenguaje. La cuestión de los orígenes indoeuropeos, trad. M.J. Aubet, Barcelona 1990, 193–201) ese proceso de celticidad “supone una población de habla indoeuropea en Francia, en Gran Bretaña y en Irlanda, y probablemente en gran parte de Iberia también, anterior al 4000 a.C.” (198). 20 “if we are honest, we have to admit that, for all theorising, we do not know where the earliest homeland of the Celts was situated or where and how the Celtic languages had their origin”, así D.E. EVANS (“The identification of continental Celtic with special reference to Hispano–Celtic”, J. Untermann–F. Villar edd., Lengua y cultura en la Hispania prerromana. Actas del V Coloquio sobre lenguas y culturas prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca 1993, 567). 21 EVANS (en Untermann–Villar, Lengua y cultura...595) define como intractable problem la evidencia lusitana. 22 “que pide una explicación sin que hasta la fecha ninguna de las propuestas sea plenamente satisfactoria”, así J. DE HOZ, “Testimonios lingüísticos relativos al problema céltico en la Península Ibérica”, en M. Almagro–Gorbea dir., Los Celtas: Hispania y Europa, Madrid 1993, 389. 23 En la propuesta de F. VILLAR, “Indo–European /a/ and /o/ revisited”, Comparative Historical Linguistics. Indo–European and Finno–Ugric. Papers in Honor of O. Szemerényi III, Amsterdam (Phil.) 1993, 139–60; Los Indoeuropeos y los Orígenes de Europa. Lenguaje e Historia, Madrid 1991, 164–9. Aunque el dato no es trascendente para la cuestión, creemos previo al sistema de cuatro fonemas vocálicos propuesto por VILLAR un sistema con /a i u/ (/> a i u e > a i u e o/). 24 Introducción a la Lingüística. Enfoque tipológico y universalista, Madrid 1997, 77–97. 25 La pluralidad de plurales se manifiesta bien en lenguas como el árabe, bereber o bretón. En bereber los dos modelos básicos de formación de plural ―y no excluyentes― son el llamado “plural fracto”, con alternancia vocálica, y la sufijación. Por otra parte, aunque el proceso diacrónico hace, como en las lenguas germánicas, aún transparente su origen fonético en la metafonía vocálica (muy probable también para el bereber) la mutación vocálica ―plural fracto, pues― sincrónicamente se da también en céltico (bretón maen “piedra” plur. mein, irlandés bad “barca” plur. báid) y, lógicamente, en las lenguas germánicas, donde es frecuente el fenómeno de la metafonía. 26 Pueden añadirse otras afinidades como la sintaxis relacionada con los numerales, así el modelo bretón de, por ejemplo, eizh vloaz ha daou ugent “48 años”, literalmente “ocho año y dos veinte”, con inserción del substantivo entre las unidades y decenas, se da también en el tamacheque o tuareg bereber (MALHERBE, Les Langages de l’humanité. Une encyclopédie des 3000 langues parlées dans le mode, París 1983, 70). En bretón el numeral va acompañado por un nombre en singular, así deg vloaz “diez años” (lit. “diez año”), tal como en vacuence, así bost seme “cinco hijos” (lit. “cinco hijo”), o en somalio con un masculino en singular. En mayor o menor medida, resulta visible un modelo vigesimal para el francés, bretón, galés, y vascuence. La tendencia a distinguir género gramatical en los ordinales está en bereber y céltico (así en galés dau / dwy “2”, tri / tair “3”, pedwar / pedair “4”). También cabría señalar una especie de tendencia a la atomización verbal, con gran cantidad de auxiliares y partículas, clara en vascuence y céltico. En el capítulo fónico, cítese al menos la tendencia a cierta indistinción de /m/ y /b/. El ibérico, en general, no parece distinguir tales fonemas tendiendo a tratar [(V)mV] como [(V)bV]. En aquitano [m] aparece como variante de [b], como en vascuence patrimonial, o bien es fonema de baja frecuencia (J. GORROCHATEGUI, “La onomástica aquitana y su relación con la ibérica”, en Untermann– Villar, Lengua y cultura...616). Las diversas lenguas célticas suelen manifestar tratamientos en los que /m/ y /b/ se equiparan, así en galés /f/ es resultado común de la lenición de /b/ y /m/. En la mayoría de los dialectos romances de la Península Ibérica hay intercambios populares de /m >< b/, como en sudarábigo o amárico. Por supuesto, algunos de estos rasgos, como se ha venido indicando, son compartidos por otras familias lingüísticas, pero lo significativo es el gran número de convergencias que se dan entre el grupo afroasiático y las lenguas del territorio atlántico europeo. 27 Introducción...76 y 92–7. 28 Y quizá tampoco haya que ver tanta singularidad en el empleo de cambios fonéticos (no desinenciales) como índices morfosintácticos (cuyo condicionamiento por parte del orden sintagmático tampoco resulta evidente), fenómeno que vemos en otras lenguas y cuyo origen puede quedar suficientemente bien explicado desde la propia fonética. 29 Céltico y semítico comparten, en efecto, el modelo de complemento por artículo, así el galés pen y rhiw “la cima de la montaña”, literalmente “cabeza la montaña” se corresponde cabalmente con, por ejemplo, hebreo qol ha ‘elohim “la voz de Dios” (lit. “voz el Dios”). Este modelo está bien documentado en la toponimia galesa y bretona (F. FALC’HUN, Les noms de lieux celtiques, Ginebra–París 19822, 161– 3). Bereber y céltico convergerían en el sistema de pronombres in/sufijados como objetos de verbos (H. WAGNER, “Common Problems Concerning the Early Languages of the British Isles and the Iberian Peninsula”, F. Jordá–J. de Hoz–L. Michelena edd., Actas del I Coloquio sobre Lenguas y Culturas prerromanas de la Península Ibérica, Salamanca 1976, 397). Vascuence y céltico presentarían también paralelismos en la formación de meses y estaciones, como para “otoño” vasc. negu–aitzin (lit. “preinvierno”) e irl. fo–gamar (lit. “subinvierno”, cf. WAGNER, en Jordá–de Hoz–Michelena, Actas del I Coloquio...407). 30 Para la afinidad euroccidental basta mencionar la alta frecuencia de rh negativo en toda esa zona. El norte de África quedaría conectado por un haplótipo común a aquella zona (y a los austríacos). Nótese que la aquí postulada discontinuidad lingüística de los lusitanos coincide con cierta singularidad genética de los portugueses (cf. A. ARNAIZ ET AL., “Relatedness among Basques, Portuguese, Spaniards, and Algerians studied by HL allelic frequencies and haplotypes”, Inmunogenetics 47 (1997) 37 y 42). 31 (1963) 227–42, quien señala la convergencia de ciertos datos teonímicos (241–2). 32 J. GORROCHATEGUI, Estudio sobre la Onomástica Indígena de Aquitania, Bilbao 1984, 374; en Untermann–Villar, Lengua y cultura...616. 33 A título de inventario nótese que en árabe, como en general en semítico meridional, la */p/ protosemítica pasó a /f/, por lo que el árabe clásico, como en general las lenguas bereberes, no dispone de /p/, sino de /f/. 34 Teóricamente esta parece la opción mejor. El aquitano ocupa un territorio que ofrece mayores posibilidades de contacto a grupos que se dirigieran hacia el norte, geográficamente aparece, pues, más obiter, más en el camino. Asimismo la general coincidencia espacial entre el territorio aquitánico (Pirineos–Garona) y el de la pintura rupestre de época glacial (Pirineos/Cantábrico–Garona) y la continuidad cultural de la región favorecen la idea de una mayor antigüedad aquitánica en la zona, mientras que, como se mencionó, algunos indicios sugieren que la presencia ibérica pueda no ser tan antigua en la Península Ibérica, donde históricamente son una cultura aún en expansión cuando desembarcan los romanos. 35 Scilicet características que vemos también en el conjunto afoasiático, sin que, lógicamente, por ello tengan que ser exclusivas de dicho conjunto. 36 En esa línea pero en concreto para el vascuence incidió el último A. TOVAR (Estudios de Tipología Lingüística, Madrid 1997, 47–144, esp. 62 y 113). Marginalmente nótese que no hay indicios para el aquitano de procedencia meridional en la Península Ibérica, sino evidencias de su procedencia septentrional 37 En efecto, puesto que los tipos lingüísticos cambian ―y hasta substancialmente― con el paso del tiempo, la afinidad con el afroasiático o con cualquier otro conjunto lingüístico, puede ser estrictamente tipológica, lo trascendente, en efecto, es la detección de un elemento exógeno, anindoeuropeo, y la existencia de un fenómeno de contacto. 38 Veleia (1985/6) 74.
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