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POSICIONAMIENTOS ITALIANOS SOBRE LAS CUESTIONES RACIALES de la revista Italo-germana “Sangre y Espiritu”. Julius Evola.
1) La doctrina fascista de la raza se esfuerza en interpretar al hombre en su totalidad Considera la raza como una realidad tanto física como espiritual. En particular delimita la diferencia entre la raza del cuerpo (raza somática), raza del alma (forma del carácter, del estilo colectivo, hereditario en la experiencia y en la posición hacia el ambiente y la sociedad), raza del espíritu (estilo de la posición frente a lo divino y lo suprasensible, forma de las inclinaciones espirituales). 2) La doctrina fascista de la raza toma posición en contra de toda tentativa de limitar la raza al ámbito científico-material y de desterrarla del ámbito de los valores espirituales. Rechaza la concepción de un condicionamiento unilateral de los más altos valores y de la capacidad del hombre, de la pura y simple raza del cuerpo. Estos valores y capacidades dependen de la raza interior, que normalmente se sirve de la raza somática como medio de expresión y de acción. 3) La perfección de la raza del cuerpo se consideran como condiciones para la completa realización de la raza interior. La concepción fascista de la raza está orientada principalmente hacia la genética, la raza sirve para reconducir a la potencialidad hereditaria. El ambiente tiene su importancia. Pero la raza es el valor fundamental. Los decisivos cambios de la raza provienen sobre todo, de mutaciones internas que pueden ser favorecidas u obstaculizadas por el ambiente, pero no determinadas por ellos. La hereditariedad no debe concebirse como la fuerza incondicionada de un destino; las leyes genéticas se refieren principalmente a la mecánica de la transmisión de las inclinaciones originarias por cuanto no interviene ninguna fuerza mayor. La doctrina fascista de la raza considera esta clarificación de los límites de la herencia de importancia para los deberes prácticos y políticos por ella asignados a la selección y al engrandecimiento del pueblo. 4) Para considerar tales deberes se deben fijar dos diferentes manera y momentos: la raza como derivación y como devenir. Hasta hoy, la búsqueda científica y biológica ha considerado sólo el primer momento. Esta debe enfocarse mediante ulteriores investigaciones hacia nuevos, activos desenvolvimientos y desarrollos. Así se reconocerá lo oportuno de una investigación de las condiciones interiores, en virtud de que algunas tendencias son dominantes y otras recesivas. Se impide que las razas, también en lo que concierne a sus inclinaciones hereditarias, en ocasionales cruces con estirpes afines se representan de manera desigual: en un pueblo, el tipo superior común puede resistir y, a lo largo de un largo desarrollo a través de las generaciones, reconducir a un tipo relativamente nuevo, poco recio con respecto a su forma originaria. En esto, la raza interior puede jugar un papel decisivo. Las razas decaen también desde el punto de vista biológico cuando su tensión interior se relaja. Y cuando esta tensión se disuelve, también las razas superiores caen en los cruces. La existencia via y enérgica de la raza interior forma para la defensa de la raza una condición indispensable para la protección de su pureza biológica. 5) La doctrina fascista de la raza se distancia de las tesis relativistas, según las cuales las desigualdades de las razas tendría significado allá donde cada raza representase en sí misma el valor supremo. Al contrario, ésta acepta y confirma una diferencia de grado y de dignidad entre las razas viriles, mientras que no rechaza el concepto de las “razas superiores”. Esta piensa, que las razas afines, en el inequívoco mantenimiento de sus modos de ser interiores y exteriores puedan ser adscritas a un orden jerárquico en el ámbito del “espacio imperial” de las razas superiores. 6) La idea de una perfecta pureza racial presupone la correspondencia con un tipo hereditario originario de la raza somática y, además, de una percepción y un estilo del alma, e incluso de una tradición y una visión general del mundo que en efecto, podría prevalecer como antítesis a la raza física. Hay formaciones bastardas e impurezas raciales no sólo cuando el tipo hereditario físico está alterado a través de los cruces sino también cuando es portador de un modo de ser y de una visión del mundo no ponderable (embastardecimiento espiritual). Un capítulo importante de la doctrina de la raza es la “psicológica profunda” de valores y culturas, una nueva morfología que debe ser empleada en la Historia de la psicología, del arte, del derecho y la filosofía, en la ciencia de los mitos y de las religiones comparadas. 7) La doctrina fascista de la raza reconoce la importancia de la toma de las nuevas orientaciones antiracionalistas y antimaterialistas correspondientes al estudio racial y espiritual de la Prehistoria. Reconoce también la utilidad de la configuración de un mito de los orígenes, como también de una idea-faro del pensamiento político de la raza. 8) La doctrina fascista de la raza rechaza la doctrina del progreso, mientras toma posiciones contra toda derivación del superior al inferior de la humanidad, en el sentido propio de la animalidad. Critica, por lo tanto, el origen de las actuales razas indoeuropeas del bestial hombre de Neandhertal. En el hombre de Cromagnon y de Aurignac, que se consideran bien distintos de aquel, y como portadores de una propia cultura y espiritualidad, reconoce, sin embargo, el origen de la totalidad de las razas comprendidas en la familia aria. 9) En el ámbito de las razas del espíritu se acepta la idea de que las razas arias de origen occidental y noroccidental estaban caracterizadas por cultos y símbolos de tipo olímpico en relación con una ética heroica y un riguroso derecho paterno, en contraste con el panteísmo y con las tendencias naturalísticas y matriarcales de las razas extrañas o degeneradas, frente a las cuales se mantienen firmes. 10) Es necesario promover una nueva interpretación de la Historia, que tenga en cuenta el papel decisivo que han cubierto las razas como una realidad tanto de la sangre como del espíritu: una concepción, por consiguiente, dramática de la Historia, en la cual se debe dar relevancia a la importancia de la raza de nuestros pueblos, que no se puede separar, sino al contrario se debe poner en relación con los acontecimientos, las luchas y las conquistas de las razas arias de Oriente y Occidente. 11) Se reconoce no sólo la realidad de las grandes razas, sino también de las pequeñas etnias en las cuales se subdividen. A este respecto se acepta como base la subdivisión corriente de la familia de los pueblos ario-europeos en razas nórdicas, occidentales, fálicas, dináricas, orientales y báltico-orientales, y se consideran también las razas preasiáticas, del desierto y mongólicas, como componentes eventualmente no europeos. En la raza del hombre ario-romano, reconocemos a un tipo variado dentro de su especie, cuya unidad es, sobre todo interior, y que somáticamente está particularmente cerca del tipo puro de origen común. Estos son los componentes raciales que en diferentes porcentajes y en diferentes funciones están presentes en las unidades nacionales de nuestro continente. La doctrina fascista de la raza confiere también gran valor al desarrollo de una psicología de la raza que indique la raza interior a la cual corresponda principalmente cada uno de los componentes antropológicos citados. 12) El judaísmo no es sólo una raza en el sentido simplemente biológico, sino una unidad de la raza del alma, un modo de ser que, determinado por una tradición, reforzado mediante los componentes preasiáticos propios de los pueblos del desierto, se ha convertido en algo constitutivo, hereditario, indisoluble. Esta unidad, gracias a su fuerza, puede atraerse elementos populares ario-europeos en los cuales haya alentado tensiones interiores, las cuales, a pesar de la raza del cuerpo, pueden plasmarse en el alma y en la vida de modo hebraico. Por ello la absoluta necesidad de resanarlos de los elementos interiormente hebraizantes. El influjo del hebraísmo sobre otras razas es disgregante y contaminante. El estudio del hebraísmo se incluye en una nueva y amplia investigación que considere el conjunto de influjos disgregantes y hostiles a las tradiciones y que se denomina “Ciencia de la Subversión”. 13) En la cuestión italiana de la raza se debe hacer una aclaración sobre el uso de las expresiones “latino” y “mediterráneo”. La expresión “latino” puede señalar en el sentido propio de “latino” en la ciencia de los orígenes, aquellas estirpes ardientes y prerromanas que constituyeron un importante componente ario de la raza de Roma, también puede valer como indicación general de las lenguas de los pueblos romanos, aunque sin originar conclusiones raciales o permitir suponer parentescos “bastardos”. La expresión “mediterráneo” se puede referir, del mismo modo, al espacio, al ambiente, al derecho de nuestra tradición; pero no debe soportar la tesis de la antropología del siglo pasado, que de las preguntas unidas populares mediterráneas y euroafricanas, hacía partícipe a los italianos, junto a poblaciones preasiáticas, semíticas y semi-semíticas. La esencia de nuestra tradición indica, en cambio, que es un núcleo más espiritual que racial el que determina la expresión ario-romana. El elemento ario-romano es el punto de referencia del pensamiento fascista. Y ario-romano se considera al tipo noble y originario del nuestro pueblo. El tipo ario-romano y el tipo nórdico-ario se consideran como dos figuras particulares de una misma estirpe, están unidos en un único origen que les lleva a la Prehistoria y se refleja en elementos del mismo estilo. Para nuestra ciencia de la raza es siempre válida la precisa determinación de los elementos ario-romanos como raza del cuerpo, del alma y del espíritu, como un todo. 14) Es oportuno subrayar la diferencia de las razas prehistóricas de las cuales derivó el tipo ario-romano, respecto a las razas del viejo mundo mediterráneo, y respecto a las otras muchas con las cuales habitaron la península italiana. Estas últimas pudieron haber sido descendientes decadentes de antiguos grupos de pueblos igualmente arios. Se puede poner en evidencia el parentesco con las razas en cuestión, con las cuales crearon la cultura dórica y en general heroica y olímpica de la primer Hélade, y que tenían como culto propio al Apolo hiperbóreo. Sobre cual deba ser la solución dada la problema de los estruscos, en el curso de este estudio siempre se recuerda que las estirpes nórdico-arias y ario-occidentales (fálico-latinas) habitaron Italia antes de la dominación etrusca, como también se encuentran elementos del mismo origen entre los antiguos ligures. Se avanza así una tesis de una Prehistoria de los pueblos y de las tradiciones de la antigua Italia, que se remonta tan lejos como la Prehistoria india, persa, griega y de las religiones nordatlánticas. 15) La antigua Roma, en sus rasgos inmortales no se debe considerar como una realidad aislada, salida de la nada, sino al contrario, como un momento culminante del frente común de los pueblos y de las culturas indoeuropeas. Respecto a lo que de un patrimonio puede permanecer en los tiempos sucesivos, sobre el territorio italiano, desde el punto de vista de la doctrina de la raza, siempre y en todos los campos, merece ser puesto de relieve: lo que es romano en el sentido original y lo que es una particular configuración romana de la cultura aria. 16) Una de las principales causas del declive del Imperio Romano, es que mientras se estaba expandiendo, no estaba protegida y reforzada la raza espiritual del núcleo ario-romano, sino al contrario, poco a poco, la ciudadanía romana fue concedida a muchos elementos mixtos. Muchos aspectos desafortunados de la Historia italiana se explican con el predominio de las tendencias individualistas, particularistas y caóticas debidas a la sangre mediterránea, añadidas al componente ario-romano. También se reconoce con el hecho de que en el Mediterráneo faltó una casta cerrada y seleccionada de nuestro pueblo, capaz de asimilar como propio el símbolo romano de su pureza y de revestirse positivamente con la nueva autoridad. El pensamiento fascista sobre la raza quiere tener en cuenta esta enseñanza de la Historia, en la perspectiva del futuro desarrollo de la Italia Imperial. 17) El papel que el elemento germánico ha tenido en la primare mitad del medioevo para nuestro pueblo se ve de este modo: este elemento afín de origen latino, la tradición romana, por su parte, según algunos aspectos, ha despertado en las estirpes nórdico-germanas del tiempo de las migraciones de los pueblos, un ulterior patrimonio espiritual nórdico-ario bastante oscurecido. Por consiguiente no hay ningún alejamiento de una o de otra parte, sino una recíproca complementación. En la clasificación racial del fascismo se considera en un primer puesto, como cultura aria y de espíritu romano-germánico al medioevo dantesco, imperial, caballeresco, por sus características viriles, sagradas y éticas (ética del honor y de la fidelidad). De este modo también los tiempos actuales se fijan las premisas históricas básicas para un entendimiento profundo de los pueblos del Eje, sin que por ello, de un modo u otro se deba renunciar al propio orgullo racial o al gran pasado. 18) El concepto de raza no debe generalizarse como sinónimo de pueblo o nación. La doctrina fascista de la raza toma posiciones contra la concepción sincrética-idealística de la nación como solo ideal de unidad a-histórica y a-jurídica, en la cual hay sitio para todos los elementos, incluido el hebreo. La unidad de una nación moderna, no reside sólo en la raza como realidad biológica, se deben incluir los elementos no biológicos que ejercen una influencia, no de una manera abstracta como en el débil nacionalismo democrático, sino sobre la base de la raza espiritual. En sintonía con el principio fascista de la responsabilidad, debe despertarse un instinto más preciso en esta raza interior, que en relación a cualquier otra se debe determinar en el desarrollo y en la renovación de una nación. Se consigue así una bien meditada elección de la propia tradición nacional. La doctrina fascista de la raza reconoce la necesidad de un atento e imparcial verificación de ciertas interpretaciones de nuestra historia, en las cuales han tenido un papel importante las sugestiones que, consciente o inconscientemente fueron difundidas por la masonería y otras sectas, como también de fuerzas extranjeras interesadas. 19) En cuanto a lo que concierne al conjunto de la selección y de la “nobilización” del pueblo, la doctrina fascista de la raza trata un ideal de hombre superior, un preciso modo de ser, una visión general del mundo, de molde ario-romano, como centro de cristalización para los ideales que siguen la sensibilidad, y prepara fuerzas políticas que en poco tiempo deben alcanzar el ámbito físico y biológico para sufrir en el interior una mutación adecuada. Entonces está previsto un doble desarrollo: a) Una mutación y un despertar desde el interior hacia el exterior, cuyo punto de partida debe ser la raza del alma. b) Precisas medidas para el reforzamiento y la protección de las tendencias físicas y biológicas de nuestra especie. Pueblo y Nación son para la doctrina fascista de la raza la materia prima no necesariamente homogénea en si, con la cual o en la cual forjar o despertar la fuerza de una idea; la raza, o una “super-raza”. La separación de una raza, del hombre fascista, dentro del pueblo italiano, bajo la fuerza formadora de una ética y de los ideales de la revolución de las camisas negras, ha comenzado ya silenciosamente. Por medio de una inequívoca conciencia racial se representará esta nueva raza contemporáneamente como una nueva aparición del núcleo noble originario de nuestro pueblo, es decir de la raza ario-romana. 20) La doctrina fascista de la raza rechaza toda interpretación colectivística de la raza. Esta no identifica la raza con las mayorías. Admite que la raza está presente en todos los miembros de una determinada especie, pero no en igual porcentaje ni en idéntica pureza. El nivel más elemental y pobre de la raza es la simple raza del cuerpo. El grado más alto madura allí donde la raza se manifiesta y se realiza, no en el cuerpo, sino en el estilo hereditario del pensamiento y de la acción. El máximo grado se muestra, sin embargo, cuando sale a la luz la raza del espíritu. A este nivel pertenecen principalmente los caudillos, los aristócratas, los dignos y cualificados portadores de una tradición. Estos son los que preferiblemente encarnan la raza; su presencia y su prestigio están para el desarrollo y la selección y cristalización de una raza más alta en el interior de un pueblo, y para la gradual participación de otras clases, indispensables como la fuerza de sugestión de un preciso ideal de hombre y de un determinado símbolo. 21) El pensamiento fascista de la raza reconoce la importancia fundamental que la creación de una conciencia ario-europea tiene para el nuevo orden de nuestro continente. Considerando los dos espacios imperiales más importantes de la futura Europa, sostenemos la idea de que el elemento ario-romano y nórdico-ario representan los dos principales centros de cristalización de la nueva conciencia europea de la raza. La doctrina fascista de la raza subraya el espíritu clásico y aristocrático de su idea. Clásico es su ideal de un tipo humano, en cuyo cuerpo, alma y espíritu hayan formas expresivas bien armonizadas en un único principio, más allá de toda laceración y debilitamiento. Clásico también su desprecio por la mestización y la igualdad de los hombres. Reconoce y afirma su voluntad de conservar la pluralidad de las razas, y cree firmemente que cada raza debe ser ella misma; en fin, tiene como ideal un imperio que sea un reto para una especie superior en la cual la diferenciación este introducida y ordenada jerárquicamente. La elaboración de una visión de la vida clásica, clara, viril, ario-romana, a la cual se le encarga establecer lo que puede permanecer, más allá de la vida – una visión que debe transformarse en precisas fuerzas interiores – esto es, en fin, el conjunto fundamental de la mística fascista y de la doctrina de la raza.
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"With the miscegenation vary as much the form as the essence of the nations. The new foreign hereditary patrimony that circulates in the new popular organism, acts from now in the variability of the physical and psychic features of the group, from the more ordinary phenotypic and tenuous racial characteristics untill the highest spiritual capacities". ILSE SCHWIDETZKY, Grundzüge der Völkerbiologie. http://www.revistaidentidad.com/ http://www.id-press.eu/ http://www.editorialretorno.com/ Last edited by Visigodo; Saturday, July 2nd, 2005 at 15:57. |
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