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| Criticas Literarias y Libros Recomendados Anuncios, críticas y discusión sobre libros de reciente publicación o de interés político, económico, social o político |
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Reseña 1
Fuente: L\'Esclat Digital Me habían hablando distintas personas de manera fantástica sobre este libro, pero sinceramente enfrentarse a 830 páginas y quedarse como al principio como con otros libros ocurrió, no era mi intención. Al final me decidí a comprarlo y realmente me ha sorprendido, es un libro de alto voltaje y de una calidad incuestionable. En su sencilleza radica el éxito del mismo, todo se razonada de manera coherente y argumentada, no es un libro más sobre esta temática, porque nadie es capaz de quedarse indiferente una vez lo lee, encontrando la pregunta más frecuente al terminarlo,-¿Cómo nadie antes planteo un libro, que con tanta claridad pone en evidencia a la mentira histórica del nacionalismo?-. Su prosa sencilla, su lógica abrumadora y un sentido común lo hacen de imprescindible lectura. En el libro se recogen textos a favor y en contra del nacionalismo de autores tan dispares como Arana, Franco, Unamuno o Pio Baroja por enumerar a algunos. La primera parte del libro comienza con una reconstrucción histórica, demostrando la españolidad de los vascos y su tradicionalismo palpable, concluyendo con la cuestión foral. El problema llega -como argumenta el autor-, con la llegada del siglo XIX, en la que el nacimiento del nacionalismo vasco y catalán adquieren como meta demostrar su no españolidad. Rápidamente es contestado en libro con fragmentos como este;, “(…) Diga lo que diga la incesante falsificación nacionalista, nunca en la historia las provincias vascongadas han formado una entidad política que las integrase en un conjunto, ni lo desearon jamás hasta la atrición de la ideología sabiniana. Ello ha sucedido por primera vez con el actual Estado de las Autonomías”; cuya nula interpretación esta fomentando el desarraigo sobre la legitimación de lo español. El siglo XX no es más halagüeño en continuación con sus mitos, todos los nacionalismos peninsulares fijaron la meta del "odio a España". La mayoría del libro trata sobre el nacionalismo vasco, pero dedica algún capitulo al resto de nacionalismo peninsulares. La última parte del libro está dedicada a la globalización y la repercusión que podría tener en las nacionalidades históricas gobernadas como estados soberanos, argumenta que solo en una empresa común podrá preservarse lo vasco, catalán o gallego del monstruo de las mil caras que es la globalización. Quién odia a España no por amor a su tierra, si no por traumas o mal interpretaciones mitificas, no conoce la realidad histórica, ni ama a su tierra sea la que sea. Aunque el título de este libro es muy pesimista, nos ha de recompensar la esperanza sabiendo que la historia da muchas vueltas y quién sabe, quizá nos toque molerla algún día a nuestro favor de nuevo. Pero si no es así moriremos sabiendo que la tradición y la historia están con nosotros. Per Batzec de l'horta |
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Reseña 2
Fuente: Revista Arbil por Pascual Tamburri Un texto necesario e inesperado: al servicio de la verdad histórica, rompiendo mitos, cuestionando supuestas patrias... Una verdadera Summa contra nacionalistas Agotada ya la primera edición de este libro, hay que celebrar su éxito fulminante. Jesús Laínz ha triunfado donde otros fracasaron, porque en su intento de describir el complejo universo del nacionalismo antiespañol -vasco, pero no sólo vasco- ha evitado brillantemente los vicios habituales en este género ensayístico. Laínz no es autocelebrativo, porque escribe pensando en lo que el lector necesita saber y no en la imagen que va a dar de sí mismo. Laínz no es partidista, porque no escribe para defender una opción política de la que participe, sino para conocer mejor una de la que ciertamente no participa. Laínz ha eludido, en fin, dos riesgos manifiestos de estos libros, ya que no es plúmbeo en la lectura -sino por el contrario ameno y grato- ni es insultante en el tenor -porque su crítica al nacionalismo, por su profundidad, no necesita caer en bajezas de ningún tipo-Es inevitable, aunque pueda ser injusto, iniciar así un comentario del poderoso volumen que ha publicado Encuentro. Sólo los deméritos que exhibe una gran parte de la literatura en torno al nacionalismo ya bastarían para hacer bueno y encomiable el trabajo del joven montañés, que como se acaba de decir no los comparte. Pero en más de ochocientas páginas hay sitio para casi todo, desde la historia hasta los mitos del nacionalismo, desde sus referentes ideológicos hasta sus muy discutibles parámetros morales: Laínz ha escrito una Summa contra nacionalistas que quedará como el resumen de la cuestión el día en que el nacionalismo vasco sea sólo un recuerdo en los libros de historia. Cuando los libros ligeros, sin calado intelectual o con escaso compromiso personal hayan pasado de moda y sean reducidos a pasta de papel, el de Jesús Laínz quedará como testimonio de una época difícil de nuestra historia: la que nos ha tocado vivir. Y lo evidente para el lector avispado es que Laínz escribe desde sólidas convicciones y con un intenso compromiso personal, y no precisamente para obtener un éxito fácil o un cierto lucro o medro. España tiene un problema colectivo del que el nacionalismo es sólo el síntoma más evidente y el terrorismo la consecuencia más sangrante. España es un país en el que el patriotismo ha perdido durante un siglo su legitimidad, pero en el que han crecido patriotismos imposibles de patrias que nunca lo fueron, basados en la manipulación interesada de la verdad histórica y de los elementos objetivos de la identidad nacional. Laínz no ha escrito un libro antinacionalista, o contrario a las identidades colectivas, sino un texto ejemplar que demuestra la diferencia entre una identidad milenaria, cristiana, romana y germana, con todos los atributos subjetivos y objetivos de la nacionalidad -España- y unas identidades creadas desde la nada con la voluntad expresa y decidida de destruir la nación española. El libro, leído con esta clave, sirve para vacunar contra dos males casi igualmente graves: el nacionalismo separatista, por un lado, y la tentación universalista, individualista y materialista, por otro. No es casual ni táctica la alianza entre marxismo y separatismo, por ejemplo; y quien haya leído y entendido a Laínz -lo que se espera de cualquier español culto preocupado por estos hechos- aprenderá a evitar ambos extremos, y ambas tergiversaciones de la realidad. |
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Reseña 3
Fuente: El Semanal Digital Carmelo López-Arias Montenegro Un extraordinario ensayo que no sólo demuestra la falsedad de los nacionalismos ante nuestra Historia, sino que reivindica la absoluta legitimidad de la identidad española enraizada en ella. 17 de abril. El debate intelectual sobre España es viejo: las indagaciones de Rafael Altamira sobre la psicología del alma nacional, la polémica historiográfica más célebre de nuestro siglo XX entre Américo Castro y Claudio Sánchez Albornoz, la liviana de los años cincuenta entre Pedro Laín Entralgo y Rafael Calvo Serer, búsquedas de nuestro ser como las de Ramiro de Maeztu y Manuel García Morente... Tal vez la clave de esta obsesión por nuestra identidad se halle en un libro maldito como el Discurso a las juventudes de España de Ramiro Ledesma, donde, con dos trazos de gran sencillez, expone que España fue un Imperio derrotado, y es de la derrota de donde surgen las dudas. La principal virtud de la obra de Jesús Laínz es que no cae en ese morboso masoquismo de andar preguntándonos qué somos... cuando lo que somos es la nación más antigua de la Era Moderna, la mejor definida y la más fácilmente identificable. El de nuestro autor es un libro de combate (combate por España, por su unidad y su continuidad como Patria común de los españoles) y, como el hambre, también el combate agudiza el ingenio, por lo cual ése aquí se derrocha. La tesis esencial que desgranan estas 830 páginas (que se hacen cortas, luego diremos por qué) es que España es una identidad, y las falsas naciones de los independentistas –que son también, por supuesto, identidades– no lo son en la forma en que sus nacionalistas han inventado. Es, en definitiva, una defensa, como concepto, del patriotismo abarcador frente al nacionalismo excluyente; y, como realidad histórica, de España frente a sus enemigos interiores. Casi una tercera parte de Adiós, España (verso que remata el hermoso poema de Joan Maragall, y al tiempo grosera pegatina fomentada por el PNV) se consagra a estudiar la historia de España desde el prisma de las pretensiones separatistas. Es la base del armazón intelectual sobre el que se elevará después Laínz. Cuando el lector concluye los nueve capítulos de esa primera parte, desde la Edad Antigua al régimen de Franco, ya tiene muy claro cuál es el sujeto de su reflexión (España), cuál ha sido su trayectoria en los siglos (siempre unitaria, incluso en los peores momentos), y qué poco fundamento pueden alegar en su favor quienes alegan una existencia política histórica contra la española común. Esta primera parte se centra en gran medida en el caso vasco (el más absurdo de todos los hipotéticos nacionalismos españoles), y se expone dialécticamente contra él. También la segunda, que pasa revista a las tres patas de la locura sabiniana: la raza, la lengua y el suelo, y finaliza con un excursus que, en 28 puntos, desmonta cualquier similitud con el caso irlandés. Los "casos" catalán y gallego (¡ya es triste que los nacionalistas hayan convertido a sus regiones en "casos"!) ocupan una tercera parte de cien páginas. Retrata el autor el proceso de creación de las identidades "nacionales" (no teme hablar de "la patraña céltica", que ya había quedado desmontada en cualquier caso en las páginas iniciales) y su necesidad de confrontarse a una identidad española entendida de forma reduccionista, con la cual poder fabricar el gran motor popular para el odio que alimenta a los nacionalistas: el agravio. No crea el lector que cuando llegue hasta aquí habrá asistido a un curso académico de historia. Hemos dicho que Laínz ha escrito una obra de combate, donde su erudición –que ni oculta ni ostenta– está al servicio de un objetivo: la verdad útil para el presente. Y ahora podemos explicar por qué sus 830 páginas se hacen cortas: ¡porque las necesitábamos! ¡Porque nos hacía falta quien supiera recoger de los baúles de la Historia no sólo el convencimiento razonado de la existencia de España y de la inanidad de la argumentación nacionalista, sino también la forma eficaz de contrarrestarla tal y como hoy se presenta! Y ésa es la cuarta y última parte de Adiós, España. Una aproximación militante a los separatismos del día a día, con su vacuidad y su mala fe, con sus contradicciones señaladas con tanta contundencia en los datos como elegancia en la forma. (Huelga decir que no se habrían vendido tres ediciones de un libro de casi mil páginas si la prosa del autor no fuese sencilla, agradable, culta sin arabescos, y de estilo literario bastante más que correcto.) Estas páginas son el instrumento que necesita un español de hoy (que estrena un Gobierno al que reciben con alborozo indisimulado y apoyo explícito los protagonistas negativos del estudio de Laínz) para atravesar la tormenta. Y todo ello, sin que en una sola de estas líneas se oponga identidad colectiva a derechos individuales, la gran falacia con que un antinacionalismo tan bienintencionado como insustancial quiere vencer el terror y la imposición del yugo ideológico nacionalista. A esta disquisición intelectual en el marco de la globalización dedica su último capítulo, que se cierra con una frase cuyo significado profundo ojalá comprendan alguna vez quienes, por ignorancia, entienden enfrentados el amor a España con el amor a Cataluña o al País Vasco: que su actitud les sitúa no sólo como enemigos de aquélla, sino de éstos. |
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Reseña 4
Fuente: Pío Moa - La Revista (Libertad Digital) “Adiós, España” Por Pío Moa Así terminaba un famoso poema de Joan Maragall, y así, en inglés, rezan unas pegatinas que difunde el PNV. Llevan ya un siglo despidiéndose de España los nacionalistas periféricos, interminable despedida cuyas claves nos explica ahora Jesús Lainz en un voluminoso pero muy sustancioso libro del mismo título. El libro de Lainz llega muy a tiempo y es de lectura obligada para quien quiera conocer unas pseudomitologías que no por absurdas dejan de tener influencia y fundamentar uno de los problemas más importantes, si no el más importante, en el futuro próximo de España. El detenido repaso de Lainz, sobre todo del nacionalismo vasco, aunque también del catalán y el gallego, nos hace ver hasta qué punto son esas ideologías un combinado de vanidad pueril y victimismo paranoico, amasado en una permanente falsificación histórica. He aquí un ejemplo característico (pero los hay a centenares), que además, de tan repetido, ha llegado a ser aceptado por historiadores no nacionalistas: la frase domuit vascones (dominó a los vascones), atribuida por el PNV y ETA-Batasuna a los reyes godos. El clérigo nacionalista fray Bernardino de Estella afirma en su Historia Vasca, de 1931: “En las crónicas de los reyes visigodos se encuentra una frase constantemente repetida: Domuit vascones. Vencer a los vascos fue la idea que abrigaron todos los reyes visigodos. Pero la frase, siempre repetida hablando del mismo pueblo, indica claramente que jamás lograron dominar a las tribus vascas”. Muy lógico. En la misma idea insisten otros historiadores nacionalistas, como Martín de Ugalde. El cura Anastasio Arrinda insistía, en 1997: “Todos los cronicones de la vida de los reyes godos o visigodos terminan con esta frase lapidaria: Domuit vascones (…) señal de que nunca los subyugaron”. José Jon Imaz atacaba, en un artículo furioso: “No pongáis vuestras manos en la educación de nuestros hijos (…) Para historia nacional, ya tenemos la nuestra” Y se burlaba de “esa lista de reyes godos cuyas biografías terminaban siempre en el domuit vascones”. Y así sucesivamente. Claro está que el lema altomedieval tiene, sobre todo, una aplicación a la política de hoy, y es invocado por los discípulos de Sabino Arana, terroristas o supuestamente moderados, como augurio de fracaso para “Madrid”. El vascómano useño Mark Kurlansky, en una Historia vasca del mundo muy vendida en Vascongadas, repite la expresión y concluye: “Todos los gobernantes de la Península hasta el actual Ejecutivo español han abrigado la misma intención: Hay que controlar a los vascos”. Anasagasti cultiva el lema: “El frentismo español diseña una vez más el domuit vascones.” Y tantos otros. “Recordémosles la historia de Rodrigo, el último rey visigodo, que por andar entretenido en dominar una vez más a los vascones perdió su reino y su vida. Para que aprendan”, concluyen los batasunos. La idea tiene el doble componente del narcisismo (“nunca nos dominaron”) y del victimismo (“siempre han intentado subyugarnos”), y de ahí su cultivo incesante como alimento espiritual del odio. Y sin embargo nunca existieron esos cronicones de los reyes godos ni nunca escribió esas palabras Isidoro de Sevilla, a quien también se las atribuyen. Sólo una referencia posterior en siglos, y ceñida a Leovigildo, habla de que venció a “los feroces vascones”. Como resume Armando Besga, doctor de la universidad de Deusto, “aunque parezca increíble, lo cierto es que la dichosa expresión domuit vascones no aparece ni una sola vez en las fuentes de la época de los reinos germánicos, lo que demuestra cómo se ha hecho una parte de la historia de los vascones que, además, ha trascendido mucho”. Parece increíble, en efecto, que una falsedad tan grosera se haya repetido tanto y llegado a fundamentar toda una visión histórica y política actual. Pero tiene una función obvia: es la clase de historia con que los Imaz y compañía quieren embrutecer y fanatizar a “nuestros hijos”. Otro ejemplo, espigado entre los cientos de ellos que nos ofrece Jesús Lainz: el ex lendacari Ardanza caracterizaba así a Ignacio de Loyola: “Uno de los grandes vascos singulares del siglo XVI que llevaron el nombre de Euzkadi a muchos lugares del mundo”. Evidentemente, el fundador de los jesuitas, que se consideraba español, no pudo llevar a ningún sitio un “Euzkadi”, que es una invención de finales del siglo XIX, a cargo del locoide Sabino Arana, y que además es un disparate en vascuence, pues reduce a los vascos al nivel de vegetales, al emplear el sufijo -di, parecido al castellano -eda en rosaleda, alameda, etc. Sólo un enorme desprecio de fondo por los vascos a quienes dicen representar puede permitir a los nacionalistas tratar de engañarles con un fraude tan sistemático. Otro caso: “El visitante del Museo Naval de San Sebastián podrá comprobar cómo, en un museo dedicado a narrar los hechos de los marinos vascos en las edades Media y Moderna, es posible llenar paneles y paneles sin mencionar ni una sola vez la palabra España. De este modo se consigue que cuando se narran las acciones de un marino no se sepa qué causa defendía, en nombre de qué rey tomaba posesión de una tierra, o por qué y contra quién luchaba. Los hechos de los marinos y soldados vascos quedan así fuera del tiempo y del espacio”. Y así, como digo, a centenares. El problema que se plantea es el de cómo esta sistemática maraña de trolas grotescas ha podido difundirse durante estos últimos veintitantos años sin encontrar una réplica tenaz que la desarbolase. Porque el hecho indudable es que en Vascongadas, como en Cataluña, la propaganda nacionalista más frenética y embrutecedora ha hecho estragos precisamente por no haber encontrado una crítica de igual intensidad. Peor aún: ha llegado a constituir el fondo de la enseñanza perpetrada oficialmente y con dinero público —es decir, sin que a los nacionalistas les cueste un duro— contra las nuevas generaciones. Sin duda la derecha tiene en eso una gravísima responsabilidad, sobre todo en Cataluña, donde la complacencia con el nacionalismo que llaman moderado ha llegado a una auténtica sumisión. Bienvenidos libros como éste, que tanto ayudan a percibir el abismo de estupidez y rencor al que nos vienen empujando impunemente, desde hace años, unas ideologías absurdas. Libros que, es de esperar, actuarán como revulsivo para cambiar ese ambiente de ceguera voluntaria en que tanto tiempo hemos estado inmersos. |
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Aquí va otro enlace al artículo de Pío Moa sobre el libro:
http://www.libertaddigital.com/ilust...ticulo.php/512
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'Dardanidae duri, quae uos a stirpe parentum prima tulit tellus, eadem uos ubere laeto
accipiet reduces. Antiquam exquirite matrem: hic domus Aeneae cunctis dominabitur oris, et nati natorum, et qui nascentur ab illis.' We can easily forgive a child who is afraid of the dark; the real tragedy of life is when men are afraid of the light. –Plato– |
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