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Dejo una entrevista realizada a Mertxe Urteaga, directo del Museo Romano Oiasso en la localidad gipuzkoana de Irun y que viene como anillo al dedo para este hilo.
«Irun es un yacimiento romano excepcional» El jueves se abrirá la gran apuesta irundarra por el mundo romano, un museo que lleva diez años gestionándose y ha levantado grandes expectativas La inauguración del Museo Romano Oiasso está cerca. Tanto que la actividad en el interior del mismo es frenética, ultimando cada uno de los detalles, en un esfuerzo notable para que el próximo jueves, el gran día después de 10 años de gestiones y trabajo, nada falle. Mertxe Urteaga es la directora de Oiasso y aunque tampoco descansa estos días, se tomó un respiro para contar qué es y qué contiene el nuevo museo irunés. ![]() - Además de la actividad de los romanos en Irun, el Museo habla de la realidad cultural anterior a la romanización... - Perdona, pero tenemos que empezar a descartar ese término de romanización. - ¿No es correcto? - No, no lo es. Hace referencia a la inculcación de hábitos por parte de los romanos en los indígenas, a su aculturación. Se plantea como una iniciativa de reeducar a los lugareños y modificar sus hábitos de vida. En realidad poco le importaban al romano los indígenas. Sólo quería las riquezas del suelo al que llegaba: la minería, la agricultura, la ganadería, la pesca. No le interesaba educar a los que allí residían; sin embargo, es cierto que éstos trataban de imitarles porque apreciaban las diferencias entre unos y otros y querían llevar la confortable vida romana. El debate está superado y se habla ya de romanidad en lugar de romanización - Bien, en ese caso, ¿encontramos en Oiasso reflejo de la actividad pre romana? - Sí, pero sobre todo, encontramos el impacto de la llegada del mundo romano aquí. Lo que sabemos de los indígenas vascones, incluso tal denominación, lo sabemos por los romanos. Escritos de Estrabón, de Plinio el Viejo, de Tiberio, Ptolomeo... ya mencionan Oiasso. Estrabón incluso describe a sus gentes. Los caracteriza con comportamientos de vida muy rudimentarios, pero también es posible que lo hiciera para justificar una serie de supuestas mejoras debidas a Roma. - ¿Hay restos de aquella actividad? - En el museo no, porque aún no los hemos encontrado. Ese apartado relativo al contacto entre los dos mundos se explica mediante documentos audiovisuales y reconstrucciones 3D, pero sin objetos reales. Para ver restos hay que dirigirse a la tercera planta. - ¿Qué hay allí? - Son 500 metros cuadrados dedicados a la ciudad de Oiasso. Por un lado, tenemos un espacio dedicado al puerto que existió en Irun, con restos de los que encontramos en las excavaciones arqueológicas que realizamos en los años 1992 y 1993. Presentamos unidades sobre el comercio romano, su navegación y sobre pesca. Además proyectaremos continuamente un trabajo audiovisual de unos 12 minutos. La otra gran sala se la dedicamos a Oiasso como ciudad. - ¿Saben cómo era aquella ciudad romana? - Sabemos cosas. Podemos hablar de la dieta, la indumentaria, la vida privada de sus habitantes, las creencias religiosas, la construcción... También aquí hay tres unidades especiales. En una se habla de la herrería, valiéndonos de los restos del taller de un herrero que encontramos no muy lejos del museo. En otra de la minería, de la que existe información gracias a todo el trabajo que se ha hecho en Aiako Harria. La tercera es sobre la siderurgia. Además de todo eso, vamos a colocar una maqueta de 3x2 metros de la ciudad. - ¿De Oiasso?, ¿pero se sabe ya cómo era? - En realidad la maqueta es la proyección de los resultados de las investigaciones que ha realizado Arkeolan durante tantos años sobre lo que era la ciudad romana de Oiasso. Es casi una herramienta de trabajo de carácter interno que hemos accedido a colocar con la condición de que sea modificada a medida que los avances en las investigaciones lo sugieran, y sabiendo siempre que algunos de los datos están sin confirmar. Es una maqueta viva que avanzará en rigor y precisión. - El museo se nos acaba y aún no sabemos cómo ni cuándo se fueron los romanos. - En realidad hemos dejado un espacio para lo que llamamos el epílogo. Ocurre que el auge de la ciudad se dio en los siglos I y II. En el tercero entró en crisis y, de hecho, tenemos ya muchos menos restos de esa época que de los dos siglos anteriores. Del IV hemos encontrado aún menos y del siglo V nada de nada, al menos hasta ahora. Lo que sí sabemos es que la actividad marítima por esta zona seguía activa, que seguía habiendo rutas. - ¿Han perdido la esperanza de encontrar algo de esa época? - Ni mucho menos. Seguimos buscando. No tenemos nada de la era prerromana ni de la postromana pero creo que acabarán apareciendo. Si algo ha demostrado la arqueología es que prácticamente todos los hechos dejan alguna evidencia. Y si la hay, la encontraremos. - Es decir, que la investigación continúa después del museo. - Claro. El jueves abre sus puertas y parece que ya está, que ya se ha conseguido, el público puede venir a ver lo que tenemos y se acabó. Pero eso no es así. Hay un contexto más allá de eso. Queremos conseguir un conocimiento suficiente, una información suficiente, como para colocar a Irun en el mapa de la arqueología romana. - ¿Tan importante es el pasado romano de Irun? - Lo que tiene esta ciudad es que es un yacimiento arqueológico excepcional. Tiene unas condiciones muy especiales que ayudan a la conservación. ¿Cómo ha resistido tantos años la madera del puerto sin descomponerse? Gracias a la humedad, al barro, al limo del que estaba rodeado todo el embarcadero romano. Hemos encontrado cuero y otros materiales que en cualquier otro sitio habrían desaparecido. Por no hablar de los yacimientos mineros. Se ha trabajado mucho en ellos, pero creo que no es nada en comparación con lo que aún puede salir de ahí. Con todo, ya podemos colocarlos entre los principales de la península. Ahora, es una de mis tareas como directora del museo, hay que ir profundizando en la investigación con el museo como motor. - ¿Podríamos decir que Oiasso es el reflejo del apoyo institucional del Ayuntamiento? - Sí, y además es de agradecer, porque en Gipuzkoa, en todo el País Vasco, el de Irun ha sido un caso excepcional en lo que se refiere al mundo romano y a la arqueología romana. Lo que después se ha hecho en otras localidades (Zarautz, Getaria...) se debe al impulso que generó Irun, que trajo aire fresco a los investigadores de la romanidad. Si ahora no se discute la arqueología romana en Gipuzkoa es gracias a Irun. - Al margen de las intenciones de investigación futuras, ¿cuál es la realidad presente de la que parte Oiasso? - ¿Cuántos museos de arqueología romana de 1.500 metros cuadrados hay en el Estado?, ¿y en Europa? Muy pocos. Aquí, Tarragona, Mérida, Zaragoza, León, quizá Gijón... En la costa levantina, por temas turísticos, hay en Santa Pola, Sagunto... pero de 1.500 metros cuadrados, los que he dicho antes. Y Irun, claro. - Visto el aspecto de ser un 'todo' que tiene este museo, no parece que tenga sentido preguntarle por cuál será la pieza estrella. - No tiene ningún sentido, porque esto no va de piezas estrella. El museo no tiene grandes piezas, ni demasiadas piezas siquiera. No tenemos grandes mosaicos ni espectaculares esculturas. Que nadie se lleve a engaño. Aquí tenemos piezas pequeñas; hay tachuelas, anzuelos y agujas; suelas de calzado, el mazo de madera de una embarcación y la soga de otro. El valor de Oiasso es el conjunto y la contextualización de todos sus elementos. La gente va a tener que hacer un esfuerzo por pensar que lo que hay aquí es muy cotidiano, pero romano; de hace 2.000 años. Muy en consonancia con lo que es Irun y su entorno; quizá algo más marinero que lo que es hoy. - Y en esa realidad de museo ¿qué tipo de público se espera?, ¿un público general o uno más experto, más académico? - Está ya muy comprobado que los especialistas son sólo entre el 1 y el 2% de los visitantes de un museo. No está dirigido a ellos; está dirigido al gran público. Otra cosa es que se ha tratado de lograr la satisfacción de los especialistas. Algún gazapo se nos puede haber escapado, pero si de algo podemos presumir es de estar siendo muy rigurosos para que esos especialistas estén satisfechos, porque ellos son altavoces para el público general al que nos dirijimos. De hecho, nuestro lenguaje, aunque riguroso, es coloquial y literario. [Fuente] |
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Los vestigios de los zarauztarras
Desde que en 1997 se localizara una necrópolis medieval 'por accidente', los arqueólogos han descubierto que el entorno de la iglesia Santa María la Real constituye una zona «excepcional» dentro del panorama arqueológico guipuzcoano ![]() «Hablamos de un rayo de luz en la oscuridad más profunda». Así es como describen Juan José Aramburu, director del Museo de Arte e Historia de Zarautz, y Nerea Sarasola, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y directora, junto con Álex Ibáñez, de las últimas intervenciones arqueológicas realizadas en la zona, todo lo que queda por descubrir en los alrededores de la Parroquia Santa María la Real de Zarautz. Desde 1997, Sarasola e Ibáñez, han sacado a la luz restos que van desde la Edad del Hierro (siglo V. a.c.) hasta la Edad Media (entre los siglos IX y XV), pasando por la época romana. El primero de los hallazgos se descubrió cuando se efectuaban trabajos de rehabilitación en la Torre del Campanario -hoy sede principal del Museo- que se sitúa pegada a la iglesia, ya que cuando se empezó a picar sobre el suelo, aparecieron los primeros enterramientos correspondientes a la Edad Media. Lo mismo fue lo que ocurrió en la parroquia en 2001. Cuando excavaron el suelo de esta con la intención de mejorarla descubrieron una nueva necrópolis y los cimientos de otros tres templos religiosos, así como los de un edificio romano de gran calidad. Dentro de la iglesia, y en concreto donde hoy en día está la Capilla Norte, se han descubierto los únicos restos arqueológicos de la Edad del Hierro en la costa vasca. Estos corresponden a la estructura de un habitáculo cuyo suelo está compuesto por arcillas plásticas y fragmentos de areniscas de color amarillo. Después de las investigaciones oportunas se ha llegado a la conclusión de que se trata de una habitación de unos nueve metros cuadrados en la cual sus habitantes cocinaban sobre una placa con una parrilla central de unos cuarenta centímetros de diámetro. Los materiales rojizos de este suelo quemado se conservan y pueden visitarse en Santa María La Real. Encima de esta vivienda se ha encontrado un asentamiento que pertenece a la época romana y que ha sacado a la luz diferentes construcciones entre las que destaca uno realizado en opus vittatum, que por la calidad de sus paredes, se ha deducido que podría ser de uso público, «aunque, de momento, desconocemos su función» tal y como explica Nerea Sarasola. Al lado de este se ha encontrado una especie de plaza con suelo de piedra que también se piensa que era parte del asentamiento. Tal y como explica la arqueóloga de Aranzadi «hemos encontrado diferentes restos de animales (vaca, cerdo, oveja y cabra) que nos proporcionan información sobre cómo se alimentaban, y además, hemos hallado objetos como collares, pendientes, cuchillos o vasijas». Según Sarasola, «las personas que vivían en la zona eran indígenas -relacionados con el pueblo várdulo- y creemos que este asentamiento se crea por la vía marítima y que entre sus múltiples funciones estaría el de ser un centro de intercambio, pero hay que entender también que sus habitantes se dedicarían a otras actividades como pesca, ganadería, actividades artesanales...». Todos estos restos de la Romanización se pueden ver en el interior de la iglesia, al lado de los correspondientes a los de la Edad del Hierro. Sin embargo, los primeros elementos que se hallaron en el yacimiento de Santa María la Real fueron las necrópolis correspondientes a la Edad Media. Se encontraron los restos de 29 personas de diferentes edades dentro de la Torre Campanario y, en la segunda excavación llevada a cabo dentro de la parroquia, salieron a la luz los restos de más de doscientas personas. Dependiendo de la época se efectuaban diferentes sepulturas. La más antigua corresponde a la llamada sepultura de muro que consiste en construir en el hoyo en cuestión unas paredes laterales apilando piedras de manera horizontal (unas dos o tres). Este tipo de sepultura se llevaría a cabo entre los siglos IX y XI, y podemos encontrar varios ejemplos tanto en la Torre como en el interior de la iglesia. Avanzando en el tiempo apareció un nuevo sistema de enterramiento, la llamada sepultura de lajas que consiste en delimitar el espacio en el que se va a situar al difunto a través de piedras colocadas verticalmente. Este tipo de sepultura se dio hasta finales del siglo XII. Además de estas, han aparecido sepulturas de tipo simple -sin delimitación de ningún tipo- y los nichos comunes en los que se apilaban grupos de muertos. Respecto al tipo de gente que enterraban en la zona Sarasola comenta cómo «es difícil saber qué tipo de gente era, porque en la época medieval no existía la costumbre de enterrarlos con ajuar ni con algo que te pudiera orientar sobre la clase social a la que pertenecían. Lo único que tienen en común es que todos eran enterrados de la misma forma, mirando hacia el Este». Todas las tumbas reconocidas en los subsuelos de ambos edificios se situaban fuera de lo que en su día eran los templos religiosos, a pesar de que la magnitud del templo actual -construido a finales del siglo XV y al cual se le añadieron los laterales para conformar la forma de cruz en el siglo XVI- las haya absorvido. Y es que las excavaciones de los miembros de Aranzadi han descubierto otros tres templos anteriores al actual pero que se situaban en el mismo emplazamiento. El primero de ellos se construyó entre los siglos IX y X y tenía una estructura humilde de la cual se conserva un fragmento pequeño en forma de L que imposibilita conocer su tamaño real. Los cimientos estarían hechos de piedra mientras que las paredes se piensa que eran de madera. El segundo de los templos -siglos X y XII- era de planta rectangular y mantiene la orientación del anterior, de Este a Oeste. Finalmente, la iglesia que han situado cerca del siglo XIII es un templo de mayor calidad cuyos muros se realizaron en doble forro de sillería de arenisca. Tal y como explica Nerea Sarasola, «hemos encontrado los recintos religiosos y la necrópolis de la comunidad que se estableció en el siglo IX en el entorno de Zarautz. Ahora nuestro interés se centra en localizar los lugares de habitación». Los arqueólogos de Aranzadi se encuentran actualmente trabajando en el antiguo jardín de la iglesia -convertido ahora en zona de excavación- donde siguen hayando restos de las necrópolis medievales así como estructuras constructivas y materiales cerámicos de época romana. Sarasola señala que «es una mina» por todo lo que queda aún por descubrir tanto en la zona delimitada como en la carretera contigua, así como en los terrenos privados que le siguen. Al lado de esta zona de exploración se encuentra un pequeño terreno de arena en el que Naiara Vicent -trabajadora del Museo- lleva a cabo un taller de arqueología dedicado a los más pequeños. El trabajo de la zona sigue tres principales líneas. «Por un lado la investigación tanto de los arqueólogos como la de los expertos que observan y analizan todos los restos encontrados; por otro, la conservación, por lo que intentamos conservar in situ todos los restos; y finalmente, la divulgación, que consiste en la publicación de revistas y boletines, charlas, talleres y actividades», explica Aramburu. «Nuestro principal objetivo, a parte de la investigación, es mostrar todo lo que hacemos en un tiempo más o menos prudente», añade. Aramburu señala que «nuestro objetivo es acercar el museo a los zarauztarras». Durante todo el verano se han sucedido diferentes actividades del museo con las que intentan acercar el patrimonio cultural avecinos y visitantes. Por otro lado están promocionando un sistema por el cual se pueden conocer todos los lugares de interés de Zarautz a través de los PDA que se alquilan en el propio Museo. [ Fuente ] |
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