JOSE ANTONIO AZPIAZU ha analizado los avatares de los marineros y marinos de las costas vascas durante la Edad Media y los siglos XV y XVI, encontrándose con que la PIRATERÍA o CORSO MARINO era muy habitual entre las gentes de los puertos y barcos vascos.
Tal como el autor expone : " El corso, la piratería, formaba parte de la tradición del mar".
Añade que la historia de la navegación en el Golfo de Vizcaya "se resume en una historia de sangre y diplomacia, de navegantes y políticos, de corsarios y de mercaderes".
Aunque el Mediterráneo fue visitado asiduamente a partir de la Edad Media por mercaderes y corsarios vascos, el verdadero medio donde actuaron éstos fue el Atlántico.
La geografia vasca, su situación stratégica entre la península y el continente, la orografia y la constitución de su costa, con puertos naturales y rías aceptables para la navegación, ofrece un teatro a propósito para la práctica de la navegación, pero asimismo para la escaramuza, la maniobra y el juego de tintas y engaños que se convertirán en la salsa habitual de muchas facetas de la vida marinera.
Una vez preparado el escenario, los factores individuales y sociales emergen, poderosos, a inicios de la Baja Edad Media.
Marineros e instituciones, individuos y villas recién fundadas sobre anteriores poblamientos, se convertirán en actores de primera linea en el mundo atlántico.
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En el siglo XIV, la presencia vasca era tan temida que el propio rey inglés se quejaba de que "Tanta es su soberbia que habiendo reunido en las partes de Flandes una inmensa escuadra, tripulada de gente armada, no solamente se jactan de destruir del todo nuestros navíos y dominar el mar anglicano, sino también de invadir nuestro Reino", y se tienen noticias de que, a principios del siglo XV, barcos vascos atacan la costa inglesa, en busca de confrontación o de ventajas comerciales.
En otra ocasión, unos pasajeros vascos que viajan en un barco inglés aprovechan el cansancio de los miembros de la tripulación, que estaban descansando tras una tormenta, para asesinarlos y llevar el barco a Galicia con el objeto de venderlo.
Alguno de estos transgresores se había refugiado en ORIO, y los que lo perseguían se encontraron con dificultades para detenerlo, puesto que la comunidad portuaria lo protegía contra la interferencia de autoridades extrañas.
El descubrimiento y el control de las Indias cambian el panorama de las relaciones entre las naciones europeas.
La conquista de las Indias, unida a las posesiones heredadas en Centro-Europa por Carlos V, suscita en otras monarquías inquietud y envidia, sobre todo, de ingleses y franceses.
Señala Linch que, a partir del enfrentamiento entre Carlos V y Francisco I, del que salió vencedor el primero, "el monarca francés permaneció siempre atento a la posibilidad de fortalecer su posición atacando los puntos débiles de su rival".
Dentro de la estrategia de los monarcas franceses, es comprensible la importancia que tomaron puertos como SAN JUAN DE LUZ, cuyos corsarios jugaron un papel de primera magnitud en esta nueva dinámica.
Ducéré afirma que "San Juan de Luz es la primera villa de Francia, entrando por Guipúzcoa, que los reyes de Francia han cuidado siempre fuertemente, porque los habitantes son belicosos, particularmente sobre el mar.
Sus numerosos corsarios atacan y pillan hasta barcos que vuelven de las Indias. Enriquecidos por las presas que hicieron en otros tiempos, han adornado la villa de edifIcios soberbios".
El fenómeno corsario estaba muy extendido a lo largo de la costa atlántica, pero algunas áreas concretas se convirtieron en las preferidas por quienes habían optado por este estilo de vida.
En particular, la zona de Bretaña era como la patria de los corsarios, quienes encontraban en su accidentada costa el medio adecuado para sus maniobras y fechorias a la vez que para su refugio y reposo.
Los grandes navíos no se atrevían afrontar los peligrosos fondos marinos, que dominaban a la perfección las pequeñas embarcaciones utilizadas por los corsarios.
La topografIa era, por tanto, un elemento muy a tener en cuenta para la práctica del corso, o para defenderse del mismo.
BILBAO, a pesar de la barra de Portugalete y de hallarse alejada de las costas, ofrecía un flanco fácil: "Abierto como un saco", en expresión de entonces, se halló bloqueado permanentemente por corsarios y enemigos, lo que movió a las autoridades a proteger el acceso:
"En 1532 se edifIcó una torre de defensa contra corsarios en Portugalete".
Michel Iriarte opina, sin embargo, que puertos como Bilbao y Bayona eran muy dificiles de abordar, y mantiene la opinión de que los puertos vascos estaban en general bien protegidos, sobre todo los situados en rías como DEBA, BIDASOA, ORIO y ZUMAYA.
Actualmente tenemos la fortuna de disponer del espléndido atlas confeccionado por Texeira, donde se aprecia, como si de una fotografIa aérea se tratase, el exacto escenario contemporáneo del fenómeno CORSARIO.
Pero no son menos importantes las notas que este autor nos ofrece al respecto sobre la importancia de la topogratia y las medidas adoptadas para fortalecer la lucha contra los enemigos.
En referencia a la costa de Gipuzkoa, comenta que "Desta villa de Fuenterrabía corre la costa al norte. Media legua está el cabo de Yguer, donde dan fondo muchos navios en 15 y 25 brazas.