Re: EUA: bases militares por todo o mondo
Entrevista a Alan de Benoist
"No tenemos por qué elegir entre la internacional del terrorismo y la colonización americana"
Los ataques del 11-S han dado origen entre la intelectualidad europea a un amplio debate sobre el sentido del conflicto terrorista y la naturaleza de la respuesta que debe dársele. Pero el problema no es tanto el terrorismo islámico como el islam en sí mismo (en el sentido señalado por Oriana Fallaci en su libro La rabia y orgullo), y no ha mediado provocación alguna por parte de Occidente que, no ya justifique, sino ni tan siquiera explique los atentados de las torres gemelas y el Pentágono, u otros anteriores.
Un juicio sobre los ataques a Irak es más difícil de emitir, pero los argumentos esgrimidos por el eje Bush-Blair-Aznar-Berlusconi tienen peso suficiente como para no ser despreciados a la ligera.
En el espectro contrario se hallan intelectuales como Alain de Benoist, totalmente opuestos al papel jugado por Estados Unidos en esta crisis. Hoy traemos a los lectores de El Semanal Digital sus opiniones, siempre interesantes, en cuanto que provienen de uno de los pensadores que diagnostica con mayor profundidad y acierto muchos males de la cultura contemporánea.
P. Ha participado usted en un volumen colectivo titulado El miedo y la arrogancia [AAVV, Franco Cardini (ed.), La paura e l'arroganza. Laterza. Bari-Roma, 2002]. En este volumen, usted explica que existe una alternativa entre Mac World y la Yihad islámica. ¿Qué quiere decir con ello?
R. Quiero decir simplemente que no tenemos por qué elegir entre la internacional del terrorismo y la colonización americana. Esto es, que pienso que los europeos pueden hacer oír su voz de manera autónoma e independiente sin caer en el delirio islamista radical o en el delirio de los beneficios de la civilización americana, que transformaría el planeta en una especie de gran mercado mundial.
P. Precisamente ese gran mercado mundial coloca a los Estados Unidos un poco a la cabeza del cartel. ¿Qué piensa del papel de los Estados Unidos en el mundo tras los atentados del 11 de septiembre?
R: Los atentados del 11 de septiembre han estimulado muy visiblemente en los Estados Unidos el deseo imperialista de imponerse como único poder a escala planetaria, el cual se otorgaría a sí mismo el derecho de intervenir como un gendarme en todos los lugares del planeta, permitiéndole imponer su ley y su concepción del mundo en cualquier país. Se ha visto en Afganistán, presumiblemente se verá enseguida en Irak. El sistema es siempre el mismo. Si uno quiere, se escoge un pretexto, mejor o peor, para intervenir, instalarse en él, y llegado el caso asumir el control de las riquezas energéticas locales.
P. Ese pretexto es, justamente, el terrorismo. ¿Cuáles son las fuentes del terrorismo y cuáles serían los medios para defenderse de él y combatirlo?
R. Las fuentes del terrorismo son una reacción contra el hegemonismo occidental, el cual se propone suprimir toda diversidad cultural, e instaurar un modelo único en el mundo entero. Las formas de esta reacción son totalmente comprensibles, pero sin embargo inaceptables. No se puede en modo alguno aceptar este nuevo terrorismo global que actúa desde hace algún tiempo, y que los atentados del 11 de septiembre ilustran con sorprendente perfección. Pero es evidente que si se quiere luchar contra esta forma de terrorismo, hay que luchar contra los medios que emplea y tomar conciencia en particular de su carácter no territorial, esto es, que sus redes están implantadas a escala mundial y no se confunden con las de un país particular.
P. ¿Puede jugar Europa un papel particular? ¿Y cuál sería éste, principalmente en caso de una posible intervención de los Estados Unidos en Irak?
R. Pienso que Europa debe desengancharse de la amenaza de agresión americana contra el estado iraquí, alegando por una parte que el pretexto aducido no se sostiene, esto es, que nadie puede pensar seriamente que Irak amenaza a nadie hoy en el Oriente próximo, y menos todavía más lejos. El único país de Oriente próximo que posee armas de destrucción masiva es Israel. Y por otro lado, es evidente que Irak no está implicado -y diría que incluso ha sido el único país árabe no implicado- en esas redes terroristas de que acabamos de hablar. Después del 11 de septiembre, los americanos han detenido e interrogado a sospechosos provenientes de todos los países, salvo de Irak, muy curiosamente, y yo añado que Irak es el único país laico hoy dia en el mundo árabe. En consecuencia, querer luchar contra el terrrorismo y el islamismo radical golpeando a Irak, no es realmente serio. Las verdaderas razones están en otra parte, a saber, meter la mano en los recursos petrolíferos de Irak con objeto de prevenir una eventual escasez en Arabia Saudita.
P. Y sobre este punto, ¿qué piensa de los políticos franceses e italianos, y de las diferencias entre ambos sobre la posible intervención de los Estados Unidos en Irak?
R. Creo que la mejor posición era la del gobierno alemán, que indicó muy claramente que no tomaría parte en esta amenaza de expedición. Francia ha adoptado una posición matizada; se ha refugiado un poco tras las eventuales decisiones del discurso de seguridad; pienso que es una posición bastante razonable. Me parece que Italia no ha dado a conocer con total claridad su posición, y por mi parte temo mucho que, una vez más, se alineará con el poderío americano en lugar de buscar y anunciar una posición independiente para Europa
USA is out
Vicente Verdú
Fracasan en su búsqueda del mulá Omar y de Bin Laden, mueren más soldados por 'fuego amigo' que por fuego enemigo, bombardean cientos de infelices civiles en misiones erróneas, despiden a miles de trabajadores sin una protesta sindical, se revelan vanas las firmas tecnológicas, la Coca-Cola envenena y, por si faltaba poco, el presidente pierde el sentido por comerse una galleta de fabricación nacional. Estados Unidos no son ya lo que eran. Inútil que sigan promocionando películas de Hollywood o explotando la fórmula secreta del coronel Sanders para Kentucky Fried Chicken. De todo eso ya hemos aprendido lo suficiente y no necesitamos más. Han extendido la comida basura y la televisión basura, han inventado el estrés, el acoso y el espionaje electrónico en el trabajo, el trabajo basura también. Todo son tristes amagos de viejos revolucionarios de Seattle o beatnicks rancios, revivals de solidaridades con voluntarios rubios sin salir de su monetaria y puritana nación.
Una cultura que ha terminado por hastiar. Quien aspire a ser novedoso no será ya una réplica norteamericana. Desde la Pepsi al Levi´s, desde el Hello Kitty al Mustang son ahora productos demasiado cursis. Si el siglo XXI es la inauguración de algo no puede refabricarse con los mismos componentes. ¿Comprarse todavía unas Nike? ¿Ver otra película de Tom Hanks? ¿Encandilarse con la NBA? Todo ello corresponde a un tiempo concluido. Lo nuevo no se encuentra en Estados Unidos. Estados Unidos es la suma de una obviedad mundial. Un surtido demasiado visto en la diversión y sobado por varias generaciones pasadas. Cualquiera de sus mitos forman parte de nuestra ex-juventud pero no tanto de la nueva juventud del mundo. Es posible que todavía queden adolescentes atraídos por los tópicos norteamericanos pero son más bien criaturas del tercer mundo que siguen confundiendo el dólar con el cielo y McDonald´s con la libertad.
Los franceses que no han perdido la ilustración sostienen la barrera de la excepción cultural. Hasta ahora mismo la excepción cultural era un acto de defensa contra la invasión de la cinematografía norteamericana pero ahora es una cuestión de buen gusto. Por el mismo orgullo de la distinción no se debe seguir manteniendo una deriva norteamericana. La fascinación con que han captado a los niños de otros tiempos se prolonga estos días con sesiones del tipo El señor de los anillos o Harry Potter. Puede ser que no haya más remedio, por el momento, que acompañar a los pequeños al cine pero ya se cansarán de su pesadísima edad.
Estados Unidos se ha convertido en el propio hastío de occidente. La reverberación dentro de una cultura que va eliminando la diferencia diariamente, cayendo dos lenguas cada semana en provecho del inglés, apartando de las mesas cada plato en beneficio de la telecomida, miserabilizando a dos terceras partes del globo a cambio de la internacionalización neoliberal. Pero no se trata ya de que el sistema sea injusto o devastador, sino aburrido. La opción de consumir Estados Unidos tuvo su originalidad a comienzos del siglo XX, alcanzó su destello en vísperas de la gran depresión, logró su glamour humano en los años treinta, su apoteosis en la década de los cincuenta, arrasó entre los financieros en los ochenta, pareció un milagro eterno en la década finisecular, pero ahora... Ahora es el fin de la ilusión.
Su poder militar, tecnológico, científico, económico puede seguir exhibiéndose como la cima del planeta pero ya no miramos con arrobo su altísimo nivel. Las torres más altas se han derrumbado a la vez que nos descubrimos hartos de sus grandes dioses. Que se complazcan en sus parroquias y sectas, que compren camisas en Tommy Hilfiger, que se gasten la American Express en Sacks Fith Avenue, que coman montañas de palomitas en los cines y se atiborren de pretzles como su presidente. Ese empacho de lo mismo ha llegado a ponernos demasiado y, como al mismo Bush, nos ha derribado. Incluso como espectadores de televisión.
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"Tell me what you regard as your greatest strength, so I will know how best to undermine you; tell me of your greatest fear, so I will know which I must force you to face; tell me what you cherish most, so I will know what to take from you; and tell me what you crave, so that I might deny you."
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